Un año y medio después de la caída de Varelli, Sofía había terminado de testificar. El mundo, aunque imperfecto, era un poco más justo. La policía la había vigilado discretamente por meses, pero con el tiempo, el sistema la dejó ir, convencido de que ella era solo una víctima que había ayudado a la justicia.
Sofía había vuelto al mismo apartamento junto al mar, el que había elegido para su "nueva vida" antes del reencuentro en la cripta. Era un ancla para ella. Una tarde de otoño, mientras esc