El reencuentro no fue en Roma, sino en una pequeña ciudad costera a las afueras. Elías la esperaba en el muelle al amanecer. Iba vestido con un traje caro, el uniforme de un hombre de negocios de alto nivel, pero sus ojos estaban cansados.
—Te ves diferente —dijo Sofía, sin emoción. Ella llevaba su arma oculta en el forro de su chaqueta.
—Tú también. El silencio te sienta bien.
—El silencio es una protección. El amor era una distracción —replicó ella, y la tensión entre ellos se hizo visible