La vibración del helicóptero resonaba en las paredes del helipuerto privado. Logan los esperó desde el nivel inferior, con los brazos cruzados y la vista fija en la compuerta. Su postura era la de alguien que no necesitaba demostrar poder para ejercerlo.
Cuando las hélices comenzaron a desacelerar, los motores soltaron un último rugido antes de detenerse por completo. De la nave descendieron primero dos técnicos militares. Detrás, dos figuras familiares emergieron con paso firme, Marco y Pietro