La sala de crisis del Palacio Flaminio era un búnker sin ventanas, sellado, donde el aire parecía estar siempre cargado de electricidad. Las pantallas iluminaban la penumbra con mapas tácticos, transmisiones en vivo y repeticiones del atentado al Atrium Vestae: fuego extinguido, vitrinas destrozadas, una vestal herida, el caos hecho carne.
Lucian Marce, prefecto de la Guardia Vestal, estaba de pie. Frente a él, una mesa ovalada rodeada por altos mandos de las Fuerzas Armadas, representantes del