De inmediato el equipo de élite comenzó sus tareas.
En lo profundo de los túneles de Ostia Antica, entre ruinas selladas al turismo y corredores olvidados por el Estado, la Orden Umbra celebraba uno de sus rituales más reservados.
Jean Leloir descendió por la escalera angosta sin decir palabra. Había tardado semanas en conseguir ese acceso. Su contacto lo había introducido como un simpatizante extranjero, veterano de guerra, cansado de la decadencia imperial. Había aprendido a escuchar más de l