59. Volveré a verte, ángel.
Cuando la monja los había hecho sentarse frente al escritorio, Dimitry una vez más había entrelazado sus dedos provocando que su corazón latiera deprisa bajo su pecho. Tarah le dio una mirada de reojo pero él no se la devolvió con la vista fija en la monja como si fuera muy natural tomarla de la mano, ella trató de liberarse de su agarre pues se sentía incómoda pero él no la dejó ir, como siempre.
La mujer frente a ellos hablaba hasta por los codos irritando notablemente a Dimitry.
Satarah podía