39. Jamás me acostumbraré a esto
Satarah intentó liberarse del agarre de Dimitry pero fue imposible para ella. Él tenía evidentemente más fuerza.
—Déjame llamar a alguien para que vaya a curar a Gian.
Su mano posesiva se cerró aún más sobre la muñeca de ella aunque no le respondió. Satarah se sintió frustrada porque obviamente él no iba a hacer eso después de haberle dado una paliza. Debería saberlo mejor.
—Déjame ya, puedo caminar sola.
Una vez más la ignoró.
—¿Quién la dejó entrar? —preguntó con voz lenta pero a ella se le e