38. No lo tocarás a él
Dimitry jamás había experimentado una rabia como la que estaba ardiendo en sus venas en ese mismo momento.
El recuerdo de Gian Franco tocando a Satarah, pidiéndole que se fuera con él a Sicilia lo había desestabilizado por completo.
—Ella no es feliz a tu lado, dale el divorcio.
Dimitry soltó una risa burlona que nunca llegó hasta su mirada mortífera.
—¿Quién carajo te crees que eres para pedirme algo así? Supéralo, Satarah nunca será tuya.
La ira brilló en las pupilas de Gian Franco quien acort