17. Soy vengativa
Polina sostuvo el teléfono con más firmeza en su mano apretando la mandíbula mientras escuchaba la voz de el interlocutor al otro lado de la bocina y leía los papeles que había recibido esa mañana.
—¿Está seguro de eso?
—Sí, señorita Zakharova. En efecto, la hipoteca está paga.
Ella tiró los papeles a la mesa y se llevó una mano al cabello removiéndolo molesta.
Evidentemente Marco había pagado la hipoteca de su casa, sin consultarle, sin siquiera avisarle que iba a hacerlo.
—Gracias, señor Mar