El teléfono sonó una sola vez. Valentina lo agarró antes de que la pantalla se iluminara del todo. Sabía que era Marcos. No había otra persona con ese número de contingencia.
—Hablá —ordenó ella.
—La tenemos —la voz de Marcos llegó limpia, cortando el silencio del despacho—. Hotel Rosa. Cuarto piso. Se registró con un nombre falso de Roma, pero saltó en el cruce de datos de la aduana civil. No se movió desde que empezó a granizar. Está encerrada con un custodio.
Valentina apretó el aparato cont