La boda fue en octubre, cuando el jardín de la mansión todavía tenía las últimas flores del verano y el aire ya empezaba a traer ese frío suave que anunciaba el otoño.
Elena llegó caminando desde la casa, sin auto, porque había insistido en que quería sentir cada paso hasta llegar a donde Mateo la esperaba. Llevaba un vestido simple, sin nada exagerado, que había elegido ella misma después de descartar media docena de opciones que Valentina le había sugerido con demasiado entusiasmo.
Su padre la