Mateo la llamó el martes a la mañana.
Elena atendió al segundo tono, que era su costumbre cuando sabía que la llamada importaba, y acordaron verse esa tarde. No en el restaurante. En el departamento de Elena, que era la primera vez que Mateo iba a estar ahí y que Elena propuso sin elaborar demasiado la razón, aunque los dos sabían que algunas conversaciones necesitan un espacio donde ninguno de los dos pueda levantarse y irse sin que sea un gesto con peso.
Mateo llegó a las seis.
Elena abrió la