Mateo llegó al café a las seis, diez minutos antes de que Elena saliera del trabajo.
Pidió la mesa del fondo, la misma donde se habían sentado la primera vez, y se quedó mirando la puerta hasta que la vio entrar con ese paso tranquilo que tenía para todo.
—Llegaste temprano —dijo ella, sentándose frente a él.
—Quería asegurarme la mesa.
—¿Esta mesa en particular?
—Esta mesa en particular.
Elena lo miró un segundo, algo registrando en su cara, aunque todavía no dijera nada.
El mozo se acercó, tom