Marcos tenía una expresión que Dante conocía bien — la de alguien que está procesando algo que no le gusta pero que sabe que no tiene sentido discutir. Estaba de pie junto a la mesa de la sala de reuniones del cuartel con los brazos cruzados y la mirada fija en el mapa desplegado frente a él, y llevaba cinco minutos en silencio desde que Dante había terminado de hablar.
Reyes estaba sentado al otro lado de la mesa con sus anteojos en la mano y una expresión completamente distinta — no la resign