El teléfono de Valentina sonó a las once.
Ella contestó. —Hola.
—Hola Val. ¿Sigue en pie lo de mañana? —La voz de su hermano llegaba clara en el silencio del despacho. —Hago una reserva en el lugar de siempre si querés.
Valentina dudo un segundo y Dante lo notó.
—Sí —dijo finalmente. —Mañana está bien.
—¿A la una?
—A la una.
—Perfecto. —Una pausa breve. —¿Venís sola?
—Sí.
—Bien. Te veo mañana. —Emilio colgó.
Valentina bajó el teléfono y miró a Dante con una expresión que era difícil de descifra