Elena Marchetti llegaba siempre a las ocho y cuarto.
Mateo lo sabía porque llevaba tres semanas notándolo, no de manera intencional sino de la manera en que se empieza a notar cualquier cosa que ocurre con regularidad en un espacio que frecuentás. El ascensor del piso ejecutivo de Ferreira Group, el café que pedía siempre igual, la carpeta azul que llevaba bajo el brazo los martes y los jueves.
Detalles. Acumulados sin buscarlo.
Esa mañana llegó a las ocho y doce y Mateo lo registró antes de dar