La mañana siguiente, Dante estaba en el despacho de su mansión y llevaba cuarenta minutos intentando leer el mismo informe.
No era un informe complicado, era un resumen de movimientos financieros de la empresa que en cualquier otra circunstancia habría procesado en diez minutos, pero Valentina estaba sentada en sus piernas desde hacía media hora y había algo en la manera en que estaba sentada hoy que hacía que concentrarse fuera un ejercicio considerablemente más difícil que de costumbre.
No es