Al mediodía Dante recibió una llamada de Marcos, él la tomó con Valentina todavía en sus piernas, lo cual ya no era una novedad en su dinámica de trabajo pero que había dejado de resultar inconveniente hace varios días.
—El cargamento llega esta noche —dijo Marcos. —Puerto viejo, once de la noche. Necesito que estés.
—Estaré.
—¿Solo vos o llevás gente?
— Los de siempre. —Colgó.
Valentina lo estaba mirando.
—Esta noche tengo que salir —dijo él.
—¿A dónde?
—Trabajo.
Ella procesó eso. Dante la vio