Llegaron a la mansión pasadas las cinco de la tarde.
Valentina entró por la puerta principal con esa sensación extraña de reconocer cada detalle del lugar como si hubiera pasado meses afuera en lugar de tres días. El hall, las escaleras, la luz que entraba por las ventanas altas del salón. Todo exactamente igual, y sin embargo todo se sentía distinto después de setenta y dos horas en un galpón sin ventanas.
Dante no se había despegado de su lado desde que salieron del perímetro de Sorokin.
—Nec