La llamada de Sorokin llegó a las dos de la tarde del tercer día.
Dante atendió desde el auto, estacionado a tres kilómetros del galpón, con Marcos al volante y dos camionetas con hombres detrás esperando la señal.
—Sus cuarenta y ocho horas no terminan hasta mañana —dijo Sorokin, sin preámbulo. —Pero su esposa me hizo una propuesta interesante anoche que me gustaría discutir antes de que eso ocurra.
Dante escuchó eso y algo en él se movió que no era sorpresa sino reconocimiento. Por supuesto q