La segunda noche en el galpón fue más larga que la primera.
No porque hubiera pasado algo. Precisamente porque no pasó nada, y el silencio tenía esa textura particular de lo que se acumula cuando no hay manera de medir el tiempo con precisión y el cuerpo empieza a perder la referencia de cuándo es de día y cuándo es de noche.
Valentina había dormido en intervalos cortos, despertándose cada vez que el bebé se movía o cuando el ruido del exterior cambiaba de tono. Había aprendido a distinguir las