Valentina llevaba tres horas en la habitación cuando la mujer volvió a entrar.
Esta vez sin bandeja. Solo entró, miró alrededor con esa evaluación práctica de quien tiene una función específica, y le preguntó en un italiano con acento si necesitaba algo para el embarazo, medicación, alguna posición especial para dormir.
Valentina la miró un momento.
—¿Trabajás para Sorokin hace mucho tiempo? —preguntó, en lugar de responder la pregunta.
La mujer no reaccionó de manera visible.
—Necesitás algo o