El informe de Marcos llegó dos días después, a las siete de la mañana, cuando Dante todavía estaba en el desayuno.
Lo leyó sin cambiar la expresión. Valentina, sentada frente a él con el café en la mano, lo vio leer y notó exactamente el momento en que algo en su postura cambió, esa rigidez mínima en los hombros que él creía que no se le notaba y que ella llevaba meses aprendiendo a leer.
—¿Qué dice? —preguntó.
—Las consultas sobre nuestra estructura vienen de una sola fuente. —Dante dejó el in