Mundo de ficçãoIniciar sessão¿Qué harías si la única persona capaz de salvarte la vida fuera la misma que destruyó tu pasado? Para Patricia, la noche comenzó como un auténtico caos de calor y deudas acumuladas por su hermano Mariano. Pero lo que parecía ser una visita violenta de cobradores comunes se convierte en su peor pesadilla: una deuda de dos millones de dólares y un secuestro inminente. Sin embargo, el hombre que compra su deuda no es un criminal cualquiera. Es Viktor Dargan, un magnate frío, calculador y misterioso que le propone un trato desconcertante: fingir ser su prometida a cambio de protección. ¿Por qué el hombre más poderoso de la ciudad querría a una mujer común a su lado? La respuesta es un oscuro secreto familiar. Mientras huyen bajo una lluvia y esquivan las balas de un enemigo invisible, Patricia descubre una verdad devastadora: el accidente que mató a su padre hace quince años fue en realidad un asesinato... y Viktor estuvo allí esa noche. Atrapada en un juego peligroso de lealtades y traiciones, Patricia tendrá que aprender a sobrevivir en el mundo de Viktor. Porque en una red de mentiras donde los francotiradores acechan en cada esquina, la línea entre el enemigo que te persigue y el monstruo que te protege es peligrosamente delgada. En un mundo donde la verdad puede matarte, confiar es el error más caro de todos.
Ler maisLo miré sin poder hablar. La lluvia seguía cayendo alrededor de nosotros, golpeando el pavimento, empapando mi ropa, mi cabello, mi piel… pero lo único que podía escuchar era aquella frase.«Si te digo la verdad ahora, vas a odiarme.»Mi pecho se apretó tan fuerte que dolió; el aire comenzó a faltarme lentamente.—¿Qué hiciste…? —susurré.Viktor no apartó la mirada. Sus ojos oscuros permanecieron clavados en los míos con intensidad.Algo que comenzaba a darme miedo de verdad. Pero antes de que pudiera responder, uno de sus hombres apareció apresuradamente bajo la lluvia.—Jefe, tenemos que movernos ya. —Viktor maldijo entre dientes.Luego tomó mi mano, no con brusquedad, eso fue lo peor, porque su agarre fue firme… protector, como si realmente le importara que no me hicieran daño.—¡Suéltame! —Intenté apartarme, pero él me obligó a caminar hacia la camioneta negra.—Después peleas conmigo.—¡No quiero ir contigo! ¡Ni siquiera te conozco! Eres un criminal.—Bueno, ya sabes algo de mí.
—¿Qué dijiste…? —Mi voz salió rota, temblorosa. El taxi seguía detenido en mitad de la calle mientras yo observaba el automóvil negro a nuestro lado, incapaz de respirar correctamente.El hombre del arma continuaba apuntándome, quieto, paciente, esperando. La lluvia comenzaba a golpear el parabrisas con más fuerza, distorsionando las luces de la ciudad alrededor.Sentía el corazón descontrolado dentro del pecho. Demasiado rápido.—Sal del taxi. —dijo Viktor desde el teléfono.Parpadeé varias veces. Como si no hubiera escuchado bien.—No…—Ahora, Patricia.—¡No voy a volver contigo! —Mi voz se quebró al final.No sabía qué estaba pasando, no sabía quiénes eran esos hombres. No sabía si Viktor estaba intentando ayudarme… o atraparme otra vez.Pero sí sabía algo. Le tenía miedo.Hubo un pequeño silencio del otro lado de la línea. Y entonces escuché algo que me heló la sangre. —Entonces morirás aquí.Mis labios se separaron lentamente.El hombre del automóvil negro levantó apenas el arma.
Viktor dio otro paso hacia adelante.—¡¿Qué está haciendo?! ¡No se mueva! —le grito.Él levanta las manos y da otro paso hacia adelante lento. —¡Le he dicho que no se mueva! —grito más fuerte.Logra llegar a unos pasos de mí; cerré los ojos, doblé la cabeza a un lado, apreté los ojos, tensé mi cuerpo tanto que no sentía mis extremidades, no me di cuenta de lo mucho que temblaba hasta que ya no sentía el aire salir por mi nariz. Justo cuando sentía que todo se iba al carajo, oigo la cerradura abrirse. Abrí los ojos con cuidado y su cuerpo se está alejando lentamente.—Es libre de irse, Patricia —seguía con las manos alzadas. —Pero déjeme decirle que no es una buena idea teniendo en cuenta su condición ahora.No me quedé para seguir escuchándolo un segundo más. Abrí la manilla y la abrí tan rápido que ni yo misma me di cuenta en el momento en que estaba apretando el botón del ascensor. Las puertas se abrieron y entré, presionando el botón de bajar rápido hasta que las puertas de metal
Estaba congelada. El auto olía a cigarrillo y el humo me estaba asfixiando. Me cubría con un saco negro que el tercer hombre me había prestado. Apenas el vehículo se detuvo, abrieron la puerta.—Sal. Ahora. —Me habló el segundo, con voz gruesa y un tanto molesta.Tragué saliva y puse un pie afuera, luego el otro. Estaba por bajar cuando sentí un puño grueso empujarme. Casi toqué el suelo, pero el tercer hombre me sostuvo antes de caer.—Odio a las mujeres lentas.—Oye, no seas tan bruto. —Le reclamó el tercero cuando me ayudó a levantarme. —El jefe te matará si se entera de todo esto.—¿Y qué? El jefe solo la usará y luego la botará como hace con todas. ¿A quién le importa?«¿El jefe? ¿Quién demonios era el jefe?»El tercer hombre me escoltó hasta el edificio. Subimos por el ascensor hasta un piso completamente vacío, con una sola puerta enorme al final del pasillo.Él se quedó frente a ella mientras yo me abrazaba a mí misma, aferrándome a las últimas gotas de esperanza que me quedab
Último capítulo