La voz de Amara tembló como si se desgarrara desde lo más profundo de su pecho cuando lo vio aparecer frente a ella.
—¡Él vino a buscarme! —gritó con desesperación—. No lo quiero cerca… no lo quiero ni respirando el mismo aire que yo.
Ronald, con esa sonrisa torcida que siempre la hacía sentir pequeña, soltó una carcajada amarga.
—Es mentira —provocó, disfrutando del dolor que causaba—. Ella me rogó que volviera. ¿Qué otra cosa podía hacer? Si tú la dejaste tirada como la basura que es.
Las pala