—Mañana será dada de alta, señora, pero deberá estar en reposo absoluto —dijo la doctora con tono firme, mientras revisaba los últimos apuntes en el expediente médico.
El sonido del portazo resonó cuando la doctora salió de la habitación. El silencio que quedó después fue pesado, casi sofocante. Solo se oía el zumbido del aire acondicionado y el débil pitido del monitor cardiaco.
Glory bajó la mirada hacia su vientre. Acarició la curva suave que apenas comenzaba a notarse bajo la sábana del hosp