En la prisión
El olor a tabaco rancio y sudor se mezclaba con el ruido metálico de las fichas cayendo sobre la mesa.
Donato, con la camisa abierta hasta el pecho y la mirada relajada, sostenía las cartas como si no hubiera nada en el mundo que pudiera alterarlo.
Frente a él, un hombre de rostro curtido, con cicatrices que hablaban de demasiadas noches en la calle, lo observaba con una mezcla de burla y curiosidad.
Jugaban póker, pero en realidad, ninguno pensaba en el dinero. Lo que estaba en ju