Los meses transcurrieron con una mezcla de calma y agitación que nadie podía prever. Cada día traía consigo una nueva emoción, un nuevo recuerdo, y para Stelle, la espera se hacía más tangible a medida que su vientre crecía y su corazón se llenaba de esperanza.
La tristeza y el dolor que Beatriz había dejado atrás parecían ahora sombras lejanas, aunque sus recuerdos no se habían borrado por completo; todavía dolían, pero ya no podían robar la alegría que ahora rebosaba en cada gesto y en cada mirada de quienes la rodeaban.
Finalmente, llegó el día esperado: la fiesta de revelación y el baby shower de Stelle. La mansión estaba adornada con luces de colores que titilaban suavemente, creando un ambiente de ensueño. Cada rincón había sido cuidado con detalle; había guirnaldas, flores frescas y globos de tonos pastel que se mecían con delicadeza con el aire.
Pronto, la atención de todos se centró en Stelle, que estaba radiante, abrazada a Andrew, cuyo rostro reflejaba una mezcla de orgullo,