—¿Y eso a mí qué me importa? —dijo Amara, con un filo en la voz que cortaba el aire, como si cada palabra fuera un martillo golpeando el pecho de quien la escuchara.
Hannah la miró sorprendida, casi incrédula ante la frialdad y determinación que irradiaba. —Te necesita, Amara… al menos déjalo verte —insistió, intentando acercarse, tomando la mano de Amara con suavidad, buscando un contacto que pudiera apelar a algo humano, a la compasión que ella siempre había mostrado.
Pero Amara apartó su mano