Él me mató.
Isabella se obligó a abrir los ojos lentamente, como si sus párpados estuvieran hechos de plomo y cada movimiento demandara una fuerza sobrehumana.
Al principio solo percibió sombras difusas que parecían danzar en la penumbra, destellos intermitentes que provenían de una bombilla sucia colgando de un cable deshilachado en el techo.
Entonces, el olor la golpeó con violencia, un hedor denso que impregnaba el aire y se colaba en su piel, humedad, cigarrillos viejos, sudor y algo metálico que recon