Entren.
La madrugada parecía contener la respiración, como si el mundo entero aguardara antes de estallar.
El barrio industrial se extendía como un cementerio de estructuras oxidadas, paredes corroídas y techos hundidos, un lugar donde el silencio era tan espeso que hasta el viento parecía temer adentrarse.
Era el escondite perfecto para la oscuridad en la que Isabella estaba prisionera, vulnerable y sola, aguardando sin saber si vería otro amanecer.
A lo lejos, la penumbra f