No es el vino.
Isabella se quedó inmóvil un segundo, observando sus ojos azules que la miraban con un brillo renovado, uno que parecía encender cada fibra de su piel y borrar de golpe todas las dudas que había arrastrado durante la noche.
Ya no había rastros del vino en su sistema, la lucidez le ardía en las venas como fuego líquido y sentía que no había más escapatoria que entregarse a lo que siempre había callado.
Se alzó de puntillas y lo atrajo de la corbata con una fuerza que no venía de los músculos, s