Lo quería a él.
Gabriel no podía creer lo hermosa que se veía así, desnuda sobre él, deseándola sin pudor y sin barreras.
Su pecho se agitaba con un orgullo extraño, pensando que en toda su vida, nada lo había hecho sentir tan afortunado como tenerla de esa manera, como si ella fuese el milagro que jamás se atrevió a pedir.
Ella le desabrochó el cinturón con dedos temblorosos, le bajó el pantalón sintiendo cómo su respiración se aceleraba con cada movimiento, y él se deshizo del resto de la ropa hasta quedar s