Eres tendencia.
La ira de Sebastián Moretti no fue un estallido, fue un derrumbe en cámara lenta que avanzó en oleadas, como si cada objeto a su alrededor pagara el precio de su impotencia, como si todo a su paso fuera víctima de un huracán que no gritaba, pero lo arrasaba todo.
Primero el portazo seco y brutal, rebotó contra las paredes de mármol del penthouse como un cañonazo que anunciaba su derrota.
Luego, la copa arrojada con furia contra el suelo, en un estallido ámbar y los cristales saltando en mil esq