Kenji tragó saliva y bajó la vista. El aire en la mansión estaba tan cargado que parecía cemento; cada respiración le costaba. La preocupación lo estaba matando y que sus amigos no le dirigieran la palabra lo llevaba a tratar de explicarse, a justificar lo injustificable. Sentía que el eco de su propia voz rebotaba contra paredes hostiles.
—Necesitaba aclarar mi cabeza, estaba muy enojado. No quería dañar a Julieta… —Su voz se quebró en la última palabra, y bajó la mirada al suelo, donde las s