Había pasado una semana desde que Julieta desapareció. Siete días que para Barak habían sido un infierno interminable. Sus hombres habían revisado aeropuertos, carreteras, registros de hoteles, hospitales y hasta pequeños puertos pesqueros. Nada, ni una pista. Era como si la tierra se la hubiera tragado.
En la sala de control de su casa, un espacio frío y silencioso, pantallas llenas de mapas y reportes parpadeaban en tonos azules y rojos. Los monitores mostraban rutas aéreas, cámaras de seguri