―Quiero ir a la playa. ―Julieta abrió las cortinas con un tirón dramático, dejando que la luz inundara la habitación. Su sonrisa era traviesa, como si nada hubiera cambiado desde la noche anterior.
―No. ―Kenji ni siquiera levantó la vista del móvil. ―El sol es demasiado fuerte, el agua está fría y no te conviene cansarte.
―¿Perdón? ―Ella lo miró con los ojos bien abiertos, como si acabara de escuchar una blasfemia. ―Kenji, estoy embarazada, no inválida.
―Lo mismo da. ―Guardó el móvil con calma