―Julieta, no puedes comer eso. ―Kenji le quitó el plato con un gesto seco y lo empujó hacia un lado de la mesa.
―¡¿Qué?! ―Ella lo miró con los ojos bien abiertos, como la loca que es. ―Es solo un trozo de jamón, ¡Ni siquiera estaba pensando en comerme el plato entero!
―Está crudo. ―Kenji la fulminó con la mirada. ―Podría hacerte daño.
—Yakuza… ―Julieta se dejó caer en la silla, cruzando los brazos. ―¿En serio vas a empezar a revisar cada bocado que entra en mi boca?
―Sí. ―La respuesta salió firme, sin pestañear y sin muchas vueltas, tal y como era su costumbre. ―Si es necesario, lo haré.
―¡Eres insoportable! ―Ella golpeó la mesa con la palma abierta, haciendo que la copa de agua temblara. ―Ya bastante tuve con que ayer no me dejaste caminar en la playa porque “el sol era demasiado fuerte”. ¡Ni siquiera me dejaste meter los pies en el agua!
―Te dije que la arena estaba demasiado caliente. ―Kenji se inclinó hacia ella, con esa calma peligrosa que Julieta conocía demasiado bien. ―¿Quiere