―Debes alimentarte primero. ―Eso fue una orden. ―Así que dejaremos las maletas en la habitación, te cambiarás de ropa y después bajaremos al restaurante, solo entonces haremos planes.
―¡Sí, señor! ―Hizo el saludo de un soldado haciéndolo gruñir por la carcajada que soltó. ―Todavía no puedo creer que trabajabas como agente secreto. ―Kenji apretó la mandíbula, no le gusta hablar de eso. ―Pero el chico resultó ser todo un niño malo.
―Mi propia gente me abandonó y al que estaba cazando fue quien me salvó. ―Julieta lo miró con ojos brillantes, ama la historia de como se conoció con Barak. ―Por supuesto mi lealtad debía cambiar y mis pensamientos evolucionar. ―Ladeó la sonrisa. ―Resulta que como malo soy perfecto.
―Barak y tú dan asco. ―Bufó. ―Siempre tan insoportables e insufribles. Está bien que sepan que son guapos y perfectos, pero no deberían ser tan arrogantes.
―¿Por qué no? ―Kenji enarcó la ceja. ―Podemos jactarnos de lo que queramos, tenemos ese privilegio. ―Julieta rodó los