―Debes alimentarte primero. ―Eso fue una orden. ―Así que dejaremos las maletas en la habitación, te cambiarás de ropa y después bajaremos al restaurante, solo entonces haremos planes.
―¡Sí, señor! ―Hizo el saludo de un soldado haciéndolo gruñir por la carcajada que soltó. ―Todavía no puedo creer que trabajabas como agente secreto. ―Kenji apretó la mandíbula, no le gusta hablar de eso. ―Pero el chico resultó ser todo un niño malo.
―Mi propia gente me abandonó y al que estaba cazando fue quien