―No debió dejarla ir, señor. ―Kenji miró a su jefe. ―Ahora la señora tiene más libertad para verse con ese mequetrefe. ―Barak lo sabía, estaba furioso por eso, pero no podía dispararle a la mujer que ama, así que no tuvo más opción que dejarla ganar.
―Es un riesgo que debía tomar. ―Sonó tan calculador como siempre. ―Ella puede estar viviendo en otro lugar, pero nada puede prohibirme visitarla siempre que quiero para ver a mis hijos. ―Ladeó la sonrisa.
―¿Qué tal y ese imbécil la ayuda a escapa