Mundo de ficçãoIniciar sessãoUna velada de nobles es abruptamente interrumpida cuando inmensas rocas caen del cielo destruyendo todo a su paso. Tomadas por sorpresa, las diversas familias de la realeza no logran sobrevivir. Salvo un único integrante. Tiñendo la nieve de rojo tras la catastrofe, Hakon no cree tener esperanza de sobrevivir a sus heridas. Al menos hasta vislumbrar la figura de un hombre y un lobo. Acogido en un pueblo desconocido, Hakon se ve forzado a convivir con Kari, un campesino al que no le agradan las personas. Mientras se recupera, deberá adaptarse, sobrevivir y encontrar la manera de ir a una ciudad para advertir sobre el caos inminente. Con todo su pasado disipado por el frio viento, quizas el calor de su Chispa no sea suficiente para descongelarlo de ese nuevo lugar. Y menos de esa nueva persona.
Ler maisEn un día que parecía digno del más crudo invierno, la mano enguantada de Magnus Grandón aferró con fuerza el mango del paraguas y observó, complacido, que ninguna gota de lluvia le había mojado la ropa.
En una ciudad con tanta contaminación ambiental como en la que vivía, la lluvia no debía ser muy diferente al agua de las cloacas: sucia, ácida, asquerosa. Se sacudió en un escalofrío y se encogió, para seguir bien protegido bajo el paraguas.A su lado, una de sus tías tenía salpicado el hombro y parte del brazo. Pobre mujer, ya nada se podía hacer por ella.En la otra mano, Magnus cargaba un ramo de flores, cubiertas en su totalidad por papel celofán. Parecían plastificadas.—Padre nuestro, recibe a tu lado el alma de Álvaro Grandón, patriarca de la familia, amado padre y abuelo, que ha partido dejando un gran vacío en todos quienes lo amaban —decía el sacerdote, con voz solemne y profunda.Magnus, con hipnótica expresión, miraba las gotas de lluvia resbalar por la brillante cubierta del ataúd de su abuelo, de su amado y dulce abuelo. En su mente, se dibujaron los esbozos de uno de sus amados recuerdos, como flashbacks de Vietnam:—¡Abuelo, sácame de aquí, por favor! Está oscuro... no puedo respirar... —rogaba el Magnus de diez años.—Claro que sí, hay aire suficiente. Allí te quedarás hasta que aprendas a ser un hombre —decía el dulce abuelo, con su sonrisa demencial.—Magnus, querido. Mis condolencias —le dijo la tía Agustina, regresándolo al presente.—Gracias, igualmente —dijo él, retrocediendo para eludir el abrazo de la mujer.Todos a su alrededor se abrazaban.A diferencia de lo que muchos podían pensar, la familia Grandón no era muy grande, sus miembros tenían la mala ocurrencia de morir. Así había pasado con la abuela, con los padres de Magnus y con el esposo de su tía Elena, que lo había criado como a un hijo. Sin embargo, había allí mucha gente: socios de la empresa, amigos de la familia, desconocidos, nadie que le importara mucho. Y para su fortuna, nadie se le acercaba más de lo necesario, pero la probabilidad existía. A cada segundo que se extendía el funeral, la posibilidad de que alguien quisiera abrazarlo era una realidad, por eso detestaba los funerales.Una mano le palmeó la espalda y casi se le salió el corazón por la boca.—Resignación, Magnus, resignación —le dijo un infeliz.Más que un consuelo, Magnus sentía que el tipo se había limpiado la mano en su espalda. Quería mirársela, quería sacudirse como un gusano hasta que el toque sobre su piel se borrara.Mantuvo la compostura y suspiró.Minutos después, el ataúd con el abuelo descendía a su último lecho, de donde tuvo la certeza de que ya no saldría jamás. Antes de que la multitud se agolpara en torno a la fosa, Magnus dejó caer dentro el ramo de flores que cargaba y escapó raudo a la seguridad de su auto.—Es todo, se acabó, es el fin. Ya todo terminó. Vayámonos rápido de aquí, detesto el olor a cementerio.El chofer arrancó el auto y condujo al lugar donde sería la lectura del testamento. No imaginaba Magnus que su abuelo tenía planeada una última jugarreta con la que seguir haciendo su vida miserable aún después de muerto.***************************************
¡Bienvenidos a mi nueva novela! Espero que la disfruten.
La ventisca helada era mucho más fría en la cima de una casa de tres pisos que en la vereda del suelo, Foran lo sintió con mayor intensidad cuando levantó su mano para manipular una nube rosada y dorada y darle la señal al grupo que la acompañaba. Como habían acordado todas debían reunirse al ver esa señal y no tardaron en llegar, usaban poca nieve mágica, transformada en vapor por sus nuevos Sublimadores con forma de lámpara.Todas se quedaron en silencio expectantes a las órdenes de su capitana. –Al final el participante que obtuvo el segundo lugar decidió marcharse junto a la noble y su primo –informaba.Una de las Ventiscas Doradas levantó la mano y la atención cayó sobre ella, con un gesto de su rostro la capitana le dio permiso de hablar. –Es verdad, los he visto subirse al carruaje y marcharse por esa dirección. –Se&ntild
Hoy era el momento, el ultimo soplo en que el sol se alzaría y luego la luna reinaría.Cada soplo se volvía más frio que el anterior, y ya no solo en lo que respecta a la brisa nocturna sino en todo momento. Las personas como el noble eran quien mejor podía notar esto, nacían con esa cualidad innata para detectar y comprender el calor de personas y objetos por igual. Debido a sus habilidades podían sobrevivir con mucha más facilidad que los otros a esta estación del ciclo, aun así, en esta ocasión Hakon no había absorbido nada de calor para dormir y de todas formas sentía una cantidad extra envolviendo su cuerpo al momento de despertarse.Hakon estaba durmiendo de costado, con su cuerpo y rostro en dirección al interior de la casa. Al abrir sus parpados se topó con sus dos manos por delante, pero también se llevó una sorpresa al ver una tercera mano, e
“Los Ciclos avanzaron, hubo Soplos de Lamentos y la vida prosperó en las tierras nevadas. No obstante, en otra parte del vacío, en otro mundo creado. Unos seres grotescos consumieron la carne putrefacta del creador, habitantes de unas tierras heladas, Ulernia Jotnar maldecida y Jotuns conocidos. Cuando los gigantes de hielo acabaron con todo el cadáver quisieron más, y viajaron a las tierras nevadas para consumir lo último que quedaba de su creador”. Fragmento de:Vientos y Designios Divinos.-----O-----De a poco pero constante los helados vientos solo presentes en la brisa nocturna comenzaban a colarse a todas las demás brisas, quizás no con la misma intensidad pero el descenso de temperatura empezaba a ser más evidente para los pueblerinos. Incluyendo ahora, en la brisa vespertina, el viento que recorría la casa era más frio que antes, y aunque casi diminuto el
“Aquellos humanos que no lograron protegerse del primer Kvallvig, la Luna Eterna, cambiaron sus cuerpos y naturaleza para siempre. Su piel se tornó oscura como la misma noche, sus cabellos plateados como el brillo de la nieve. Se volvieron parte de la oscuridad y la nieve, se volvieron alvinters”. Fragmento de:Vientos y Designios Divinos.-----O-----El cielo se encontraba despejado, teñido de un color celeste e iluminado por los rayos del sol. Pero no solo iluminaba sino que también proporcionaba su calor, uno del cual el noble estuvo muy agradecido de recibir cuando impactaba en su piel. El sol no era un ser vivo y él lo sabía, y aun así su calor era agradable, reconfortante y transmitía seguridad y protección a quien lo recibiera.–No entiendo porque el Barón tiene todas las ventanas de su casa cerradas –comentó el humano de pelo rubio ceniza





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