Kenji colgó el móvil y miró al mar como si esperase hallar alguna respuesta en la línea donde la noche se tragaba la oscuridad. Las heridas de su brazo aún le dolía, la herida reciente ardía con cada movimiento, pero lo que realmente le quemaba era la imagen de Julieta arrancada por la lancha. Cada minuto sin ella era una daga clavada en su pecho, cada ola que rompía contra la costa sonaba como un recordatorio de su impotencia.
Caminó hasta la orilla, los pies hundiéndose en la arena fría. El v