Al ver el pánico reflejado con tanta claridad en el rostro de su esposa, Erick no mostró ninguna reacción exagerada. Se limitó a mirar con expresión vacía al hombre de complexión robusta que permanecía junto a su automóvil, antes de volver la vista hacia Mary.
—Es el nuevo chófer. Se llama Max —dijo con indiferencia. Su voz sonó tan llana, como si reemplazar a su empleado de confianza, que había trabajado con él durante tantos años, fuera un asunto sin importancia.
Mary apretó con fuerza los ded