Sin una sola palabra para defenderse, Elly se arrodilló de inmediato sobre el frío suelo. Sus dedos, que aún no dejaban de temblar, se movieron con rapidez, recogiendo uno a uno los billetes de dólar que estaban esparcidos a su alrededor.Cada vez que sus manos rozaban aquellos papeles, sentía que su corazón se encogía un poco más. Ya no le importaba el decoro; ella misma había destruido su honra sobre esa cama minutos atrás, y ahora simplemente se limitaba a recoger los escombros en forma de bienes materiales.Desde la cama, Erick permanecía recostado, observando la escena con una sonrisa ladeada y cargada de desprecio. Soltó una risa baja, un sonido que resonó con una crueldad absoluta. A sus ojos, Elly se veía ávida, demasiado entusiasta recogiendo el dinero, como si ese hubiera sido su único objetivo desde el principio.—Vaya, resultó que comprarte era así de sencillo —se mofó Erick, con la voz saturada de insultos—. Te daría mucho más si estuvieras dispuesta a volver a esta habit
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