—¿De qué estaban hablando? —preguntó Erick.
Sus ojos, tan penetrantes como los de un águila, se clavaron de inmediato en Mary, observando fijamente la expresión de angustia y el rostro pálido que ella era incapaz de ocultar.
Elena y Mary se sobresaltaron al mismo tiempo.
La repentina aparición de Erick en el umbral de la puerta fue como la de un fantasma. Por un instante, sintieron que la sangre dejaba de correr por sus venas.
El corazón de Mary latía con tanta fuerza que el dolor comenzó a exte