ASHTON GARDNER
—No toques nada —le advertí por tercera vez mientras entrábamos a la joyería más exclusiva de la ciudad.
Ethan ya tenía los ojos brillando como si acabara de entrar a Disneylandia, solo que en lugar de peluches había vitrinas con diamantes que costaban lo mismo que un auto de lujo.
—Ash, mira eso, parecen lunas en miniatura —dijo con el rostro pegado al vidrio de una vitrina de anillos, dejando su aliento marcado en el cristal como un niño frente a una dulcería.
—Por favor —le sus