ASHTON GARDNER
Tomaba su mano con fuerza, pero también con una delicadeza reverente. Mi Liss. Mi valiente, mi todo.
Estaba en plena labor de parto y ni el temblor en sus piernas ni el sudor en su frente la hacían detenerse. No la había visto tan fuerte ni siquiera cuando luchó por su vida.
—Respira, amor… —susurré, apoyando mi frente contra la suya mientras otra contracción la sacudía—. Ya casi. Lo estás haciendo increíble.
Ella apretó los dientes, gruñó entre sus labios, pero no soltó mi mano.