Laurel
Tras conversar un poco más, Bastian, Zebela y yo salimos de mi oficina.
—Vamos, solo será un rato —les insistí—. No todos los días ustedes vienen a visitarme.
—Bueno, pero no tardaremos mucho —aceptó Zebela. Para mí eso fue suficiente.
—Solo será un té, no se tomarán mucho tiempo. Además, es bueno que tengan un momento para ustedes, así se sentirán renovados para seguir cuidando a los cachorros.
Nos conducíamos a mi casa cuando algunos de mis hombres nos interceptaron alarmados.
—¡Alfa,