Liadrek
A regañadientes, obedecí la orden de mi alfa y me dirigí hacia donde Din daba instrucciones. Al parecer, lucía más serio que de costumbre, porque ellos me trataban con cautela.
Y sí, lo estaba. Ardía en furia y decepción conmigo mismo. ¿Hasta cuándo me arrastraría por el amor a esa mujer terca e impenetrable?
Estaba cansado.
—Yo iré contigo, Din. Orden de nuestra alfa —dije al fin, captando la atención de todos.
Él asintió, satisfecho, pues le gustaba involucrarme en sus tareas.
—Iremos