Kaia
Estaba perdida.
Mis ojos se turnaban de mamá a Ronaldo, tratando de entender lo que sucedía.
El olor del helado se mezcló con la brisa, como un recordatorio de que mamá había perdido la compostura. Eso me provocó un nudo en el estómago que me apretaba cada vez más y me paralizaba.
No sabía qué hacer ni qué decir. Había algo en la reacción de mamá que encendió mis alertas, pero también mis miedos más ocultos, esos que siempre ignoraba para poder socializar.
—Mamá, ¿qué te pasa? —indagó Bas